Cuando se habla de contaminación, en general
se tiene mayor tendencia a pensar en aquellos agentes
que se ven o que se huelen, pero es poca aún la conciencia
que hay referente al ruido como agente contaminante, si
bien es responsable quizá de la mayor cantidad de situaciones
de pérdida de bienestar por parte de la población. En
efecto, uno de los aspectos acerca de los cuales el número
de denuncias es no sólo importante sino creciente, es
el de molestias inducidas por ruidos.
A partir del Congreso Mundial del Medio
Ambiente de Estocolmo organizado por la Organización de
las Naciones Unidas en 1972, el ruido ha sido declarado
como contaminante. Es un agente contaminante que es muy
fácil de producir -se requiere mínima energía- y sin embargo
es muy difícil de abatir ya que las medidas son siempre
costosas tanto en lo económico como en lo social: se requieren
medidas de ingeniería y arquitectura sofisticadas y otras
que implican modificación de hábitos, usos o costumbres.
El ruido como agente contaminante es definido
en el sentido que lo referencia la Legislación Española
desde 1972 como "capaz de interferir en forma mediata
o inmediata, con el bienestar y la salud de personas,
animales y plantas, y con el pleno uso y disfrute de la
propiedad". Entendiendo pues que el ruido es un agente
físico de contaminación, es válida la expresión "Contaminación
Sonora" o Contaminación Acústica".
En general se puede hablar de exposición
a ruido de tipo laboral, social o ambiental.