Material presentado en la Jornada de Salud
Mental y Sordera organizada el sábado 28 de octubre de 1995, en
la Facultad de Psicología de la U.B.A.
Sorderas Utópicas
La Identidad Sorda
Este ítem podría bien llamarse “La sordera,
Mitos y Realidades”.
Existe tanta confusión en el tratamiento del tema, tantas propuestas
disímiles, donde cada una de las partes tironea y pretende llevar
agua hacía su propio molino, mientras tanto el sordo se convierte
en una victima por lo general pasiva.
Conviene, yendo por partes, aclarar la esencia de sordera y sus
inconvenientes agregados: Ser sordo significa imposibilidad de
oír y sus inconvenientes agregados son la dificultad en la recepción
de la información y dificultad del habla.
No quiere decir que no se pueda hablar, sino que éste hablar será
imperfecto o distinto, con falencias de pronunciación, distintos
tonos de voz, etc.
Usualmente para difundir las bondades del oralismo suelen utilizarse
personas hipoacusicas, lo que a nuestro entender significa “jugar
sucio”, pues un hipoacusico no debería catalogarse en una categoría
de sordos.
A mi parecer una definición más exacta sería que un hipoacusico
es una persona oyente con pérdidas auditivas, más que una persona
sorda con algún resto auditivo.
En esta simple interpretación está el quid de la cuestión: Ser
o no ser... To be or not be.
Pues el ejemplo de las bondades del oralismo difundido a través
de la utilización de hipoacusicos suele determinar una verdadera
tortura mental y física para “los verdaderos sordos”, que tal
vez no están preparados para soportar el continuo machacar de
la doctrina oralista, y les resulta muy complicado adherir este
sistema, finalmente a lo mejor lo consiguen más por inercia que
por otra cosa y a costa de un sacrificio enorme que es el de desviarse
de su verdadera naturaleza de sordos y perder las nociones de
identidad. ¿Qué es esta noción de Identidad?
Es la cuestión fundamental a través de la cual acepta la realidad
de su “Ser-Sordo” y por lo tanto adecuan su razonamiento mental,
aceptando su verdadera discapacidad, evitándose de esta manera
dolorosas confusiones de identidad que los sumirían en profundas
depresiones al darse cuenta de que a pesar de sus denodados esfuerzos
nunca llegarían a aparentar ser oyentes.
Pues la mentalidad absurda de la doctrina oralista de hoy es anular
su identidad natural y darle una identidad falsa de “pseudo-oyente”.
Identidad natural es la que contempla la verdadera naturaleza
de su discapacidad y por lo tanto adhiere las necesidades primarias
de una lengua propia, de un método propio de comunicación.
Prohibirle la utilización de esta lengua propia es anularle su
personalidad, es coartar su creatividad, su salud física y mental,
bajo el absurdo justificativo de que lo gestual anula las posibilidades
de accederá una educación oral.
Pues la mentalidad absurda de la doctrina oralista de hoy es anular
su identidad natural y darle una identidad falsa de “pseudo-oyente”.
Identidad natural es la que contempla la verdadera naturaleza
de su discapacidad y por lo tanto adhiere las necesidades primarias
de una lengua propia, de un método propio de comunicación.
Prohibirle la utilización de esta lengua propia es anularle su
personalidad, es coartar su creatividad, su salud física y mental,
bajo el absurdo justificativo de que lo gestual anula las posibilidades
de accederá una educación oral.La existencia de una lengua de
señas no tiene porque actuar en detrimento de una lengua oralista,
este es un pensamiento absurdo, como pretender que el aprendizaje
de cualquier idioma extranjero Haga Perder las nociones del idioma
nativo.
Ahora si el sordo adhiere más a una lengua que a la otra, será
por la naturaleza de su ser, o porque el medio ambiente en el
cual se mueve habitualmente le lleva a este resultado. El sordo
como cualquier persona que se considere como tal, tiene derecho
a elegir su forma de vida y no necesita que nadie le diga que
es lo que le conviene más.
Es muy llamativa la posición enfrentada de ciertas instituciones
de enseñanza oralista, y muy lamentable por su influencia nefasta
en ciertos sectores de la sociedad sorda, que influenciada por
esos conceptos equivocados asumen una posición separatista y discriminatoria,
como si ellos fueran representantes de una calidad de personas
o raza superior de sordos, sin darse cuenta de que su único mérito
radica en haber tenido las posibilidades de una determinada educación.
Y aquellos que se encuentran más preparados y supuestamente deberían
ser los guías de sus hermanos de desgracia, son los peores ejemplos
de ésta conducta discriminatoria, y sin temor a equivocarme podría
afirmar que además son personas muy acomplejadas por cuanto carecen
de identidad y por lo tanto están confundidas y pendulan entre
un mundo y otro, y a la larga se encontrarán que les resulta difícil
determinar su espacio, por cuanto aprenderán que nunca serán oyentes
y se verán rechazados por la sociedad sorda por cuestiones de
conductas anteriores.
He aquí la respuesta al quid de la cuestión.
Por eso es necesario diferenciar la hipoacusia de la verdadera
sordera, y defender más que nunca la necesidad de los sordos a
una lengua propia.
Terminar de una vez por todas con la peor de las sorderas, la
sordera mental de ciertos sectores educativos que tal vez verían
amenazados sus negociados y se muestran caprichosamente renuentes
a cambiar sus actitudes.
Ciertos estudios realizados en países europeos, cuyas transcripciones
hemos recibido en ASO (Asociación Argentina de Sordos Orales),
gracias a la generosidad de nuestros amigos españoles del Centro
Altatorre de Sordos de Madrid, nos han permitido ver como en ciertos
países como por ejemplo Dinamarca, Holanda, etc , poseen una legislación
de protección de la salud mental de las personas sordas y obligan
por ley que toda persona dedicada a la enseñanza de los sordos
tenga nociones de lenguas de señas.
En la famosa Universidad humanística de Gallaudett, de EEUU, los
sordos desplazaron del poder a sus maestros al considerar que
habían alcanzado la cumbre de sus conocimientos y que por lo tanto
había llegado la hora de utilizarlos, contemplando por supuesto
sus verdaderas necesidades dentro de la óptica de una cultura
sorda.
Así como se acepta que cada pueblo o país tienen cultural propias,
los sordos también tienen derecho a ese reconocimiento. Sin ánimos
de ofender a nadie, por lo cual no he hecho nombres, por cuanto
son innecesarios, y cada una de las partes implicadas debe tener
la suficiente fortaleza moral para darse cuenta de sus errores,
espero que de esta presentación puedan rescatarse soluciones para
el bien de todos.
He aquí el papel de las asociaciones, como entidades formativas
y proteccionistas de la cultura sorda, y siempre vigilantes a
los efectos de denunciar las aberraciones del sistema y propender
a las soluciones.
Muchas veces nos han preguntado como una asociación oralista como
la nuestra (ASO), adhiere y defiende la necesidad de una lengua
de señas, nuestro nombre Asociación Argentina de Sordos orales,
significa que sus fundadores fueron personas egresadas de instituciones
oralistas y que por lo tanto fueron educadas en este sistema de
comunicación, mas sin embargo a lo largo del tiempo fueron comprendiendo
un montón de cosas y fueron adaptándose a las necesidades de la
comunidad sorda, y dentro del ámbito de ASO se practica el método
de comunicación total o sea bilingüe, donde cada cual se comunica
como le resultase más cómodo y según las circunstancias.
O sea que tal nombre (ASO), es más histórico que cualquier otra
cosa.
Reconocemos que en algún tiempo pasado pudimos haber actuado erróneamente,
no tenemos por éste motivo razón de avergonzarnos, sino que comprendemos
que el mérito está en haber cambiado. ¿Por qué estuvimos equivocados?
Por la influencia de la mentalidad de las escuelas oralistas.
Y aún hoy, a pesar de que los manejos de la ASO, los realiza una
Comisión Directiva compuesta por egresados de distintas escuelas
oralistas, algunas de éstas escuelas (que no queremos nombrar
para no ser agresivos), no nos reconocen como institución.
Y de esta manera no reconocen a “sus propios egresados”, en un
acto de soberbia tremenda, inexplicable e injustificable.
Cabe entonces preguntarse: ¿Cuál es la naturaleza de su educación
y cual es la finalidad de la misma?, si luego no acepta y reconoce
las verdades denunciadas por sus propios egresados.
O acaso su mentalidad es promover personas siempre dependientes
del cordón umbilical de su enseñanza.
He aquí el verdadero concepto de Sorderas Utópicas.
Sin más gracias por su atención.
Osvaldo Luis Palladino.
Aclaración del autor: Este material también fue presentado durante
las Terceras Jornadas de lucha por la Discapacidad, auspiciadas
por la Comisión Nacional Asesora dependiente de la Secretaría
de la Nación, y organizadas los días 13, 14 y 15 de Diciembre
en el Teatro General San Martín, Buenos Aires Argentina.