HISTORIA DEL Arq. JOSE DOBRZALOVSKY Sordo profundo. Arquitecto, docente y director
del CINDE.
José Dobrzalovsky con alumnos sordos
del Liceo 32 en el jardín japonés en el Museo Blanes
Soy
sordo profundo desde que nací, al igual que dos de mis tres hermanos.
Concurrí, durante mi pasaje por la enseñanza primaria, simultáneamente
a dos escuelas: a la de sordos y a la común. A esa edad, mi conducta era
un desastre, no por maleducado, sino por inquieto e insoportable, pues
estaba muy ansioso por aprender y me interesaba aprender.
También estaba ansioso por tener el
lenguaje propio de las personas sordas, que aprendí de mi hermana mayor.
Dominando este lenguaje natural, he enriquecido mucho mi nivel cultural
y académico luego. Debo decir, haciendo un pequeño paréntesis, que la
Lengua de Señas es la base esencial para la comunicación de la persona
sorda, y que debe conocerla y utilizarla desde la más temprana edad, para
luego, luna vez adquiridos los conocimientos básicos fundamentales, perfeccionar
su lenguaje oral, formando así el bilingüe. En mi caso, domino cuatro
lenguas: por su orden, la Lengua de Señas, el Español, la Lengua de Señas
Americana y el Inglés. Por lo dicho, es una utopía pretender que la lengua
oral sea la materna o natural de la persona sorda.
Volviendo a los años de mi niñez,
debo contarles que utilizaba la Lengua de Señas en los recreos o en las
actividades con mis hermanos. Mis padres no estaban muy de acuerdo en
que utilizásemos la Lengua de Señas y nos llevaron a una profesora particular
y a una fonoaudióloga, las que nos enseñaron a articular mejor y a profundizar
en la gramática.
Normalmente ocurre que los padres
de un niño sordo intenten solucionar el problema apelando a la medicina.
Los médicos, con sus mejores conocimientos, podrán ayudar a paliar la
situación, pero el verdadero problema, el de la comunicación no habrá
sido aún encarado. El problema de la sordera encarado solamente desde
el ángulo de su patología no será resuelto, y muchas veces, por el contrario,
la familia se cerrará en un círculo vicioso de tratamientos, viajes y
frustraciones.
Al ingresar a secundaria, me sentí
algo aturdido. El corte entre un sistema y otro, y tal vez la insuficiente
preparación primaria, hicieron difícil el comienzo y los problemas comunicacionales
complicaron la integración. Con el correr del tiempo, estas dificultades
fueron desapareciendo. Allí me dí cuenta de cuánto podía hacer con mi
propio esfuerzo, con mi voluntad, y con el apoyo de mis padres, de mis
compañeros y también de los profesores.
Más tarde, un amigo me convenció de
ingresar a la Escuela Técnica, para realizar el curso de Ayudante Técnico
de Arquitecto e Ingeniero Civil. Así lo hice, y pude luego ingresar a
la Facultad de Arquitectura. Aquí me enfrenté nuevamente con el cambio
de sistemas, de comunicación y por tanto de integracion. Atravesé muchos
períodos de angustia y depresión, pues mis compañeros no sabían como relacionarse
conmigo. Tuve entonces que realizar un esfuerzo importante en explicarles
que me hablaran de frente, que me llamaran tocándome y no a los gritos,
y muchas otras cosas que probablemente ustedes ya conozcan.
Pasado algún tiempo, comencé a sentir
que había roto las barreras de la incomprensión y perdí muchos temores,
lo que me dio mucha seguridad. No obstante, muchas veces el cansancio
me llevó a intentar abandorar. En esas instancias, el apoyo de mis padres,
sus consejos, impidieron que así lo hiciera y continué esforzándome hasta
que logré el título.
Mi último examen en la Facultad de
Arquitectura lo preparé con Isabel Pastor por medio de la Lengua de Señas,
porque por mi carencia de vocabulario no llegaba a comprender a cabalidad
los textos. A través de la lengua de señas, además de poder aprender he
podido razonar los temas. Establecimos un mecanismo de aprendizaje y evaluación
hasta que consideramos que la materia había sido suficientemente preparada.
El día del examen, me presenté con Isabel para que actuase como Intérprete
en vez de recibir preguntas por escrito de los profesores y tener que
responderlas de la misma manera. Poder usar la Lengua de Señas significó
para mí la posibilidad de expresar adecuadamente mis conocimientos, y
ello me permitió aprobar el examen (el último examen de mi carrera) y
recibirme. Este fue el primer examen en el que utilicé un Intérprete de
Lengua de Señas y puedo asegurar que fue una gran satisfacción.
El título representa para mí, no sólo
ser un profesional de la arquitectura, sino, y fundamentalmente ser una
persona capacitada.
Hoy día, ya profesional universitario,
me desempeño como docente de la Facultad de Arquitectura, gracias al apoyo
institucional que me brindó su Decano. Cuando él me planteó esta posibilidad,
no estaba muy serguro de aceptar, pues temía que mi relación con los alumnos
fuese un fracaso por el tema de la comunicación. Pero el Decano me explicó
que muchos años antes él mismo atravesó una experiencia similar,
al comenzar a trabajar en la Universidad de París sin conocer nada de
Francés, pero logrando comunicarse por otras vías hasta que aprendió el
idioma. Acepté entonces y mi relación actual con mis alumnos es excelente.
A esta altura, sentí haber roto, ahora, las barreras de la incomunicación.
La falta de comunicación directa y
total, margina a la persona sorda de la sociedad y lo abandona a sus propias
fuerzas. Es imprescindible, por tanto, que el niño sordo sea conducido
a un colegio adecuado desde la edad más temprano posible. Tal vez su dominio
del lenguaje oral se demore pero como contrapartida su mente comenzará
a funcionar a la par de lo normal para su edad y tendrá la facultad de
explicar, sin cortapisas, sus pensamientos.
Entendiéndolo así, puedo afirmar que
es tan falsa la imagen del sordo minusválido e incapaz, como aquella otra
fiticiamente embellecida en que se presenta como totalmente normal y resueltos
todos sus problemas.
Por su parte, el sordo ve al oyente
como un ser superior a quien no puede dejar de envidiar, si bien es cierto
que también le respeta. No llega, en general, a culparlo por la incomprensión
que los separa, pues es consciente que ésta radica principalmente en la
dificultad de resolver el problema de la comunicación.
Pretender una integración total, completa
y absoluta de 24 horas diarias durante 365 días al año es realmente imposible.
La sordera marca, hace muy distintas las existencias, requiere respuestas
propias y medios para superar y sobrellevar los problemas. Pero una integración
adecuada, que sea suficiente en la que se comience aceptando que un sordo
tiene que seguir siéndolo, entra dentro de lo posible. El Dr. King Jordan,
presidente de Gallaudet University dijo "el sordo puede hacer cualquier
cosa como los oyentes, excepto oír".
Quiero aprovechar esta oportunidad
para agradecer a mis padres por sus sabios consejos, por su ayuda permanete.
A mis compañeros que me empujaron a alcanzar la meta y a todas las personas
que me han ayudado y que aún me ayudan pues me importa mucho el apoyo
permanente de todos.
A los niños y jóvenes sordos quiero
decirles que mediten sobre qué van a hacer en el futuro y que se esfuerce,
porque las cosas importantes de la vida no se alcanzan fácilmente. Cada
uno debe usar su capacidad y eso es un derecho y una obligación, porque
todos tenemos capacidades, aunque algunos necesiten más ayuda que otros.