Aprender LS, antes de los dos años, clave para
el éxito educativo de los niños
Son miles los estudios que se han realizado en
los últimos años sobre la educación de los niños
sordos, sobre el fracaso que han cosechado los
intentos oralizadores y oralizantes. Este es uno
de ellos publicado en cervantes virtual, donde
se pueden ampliar informaciones y ánalisis al
respecto. Su autora es la Psicologopeda, Marian
Valmaseda Balanzategui. Esta experta asegura que
la enseñanza bilingue es mucho más que una moda
educativa o producto de las oscilaciones pendulares.
En su opinión es también "simplista
pensar que basta con incorporar la lengua de signos
a la educación de las alumnas y alumnos sordos
para que sus rendimientos escolares mejoren drásticamente
y obtengan así una educación de calidad.
Como profesionales estamos
sujetos a un proceso constante de reflexión, de
cuestionamiento, de evaluación y de fundamentación
de nuestras prácticas educativas. Todo ello con
el objetivo de ofrecer a nuestros alumnos una
mejor educación. Y en este sentido, tan inadecuado
resulta pensar que nos movemos por modas o que
en educación todo es cíclico y que estamos en
la actualidad reproduciendo antiguos modelos educativos,
como que por fin hemos encontrado la solución
a los problemas.
Cualquier propuesta o movimiento
educativo es el resultado de un proceso a lo largo
del tiempo. En mi opinión las experiencias bilingües
comienzan a gestarse en los años 70 en los que,
a escala internacional, se produce una fuerte
crisis en relación con la educación de las alumnas
y alumnos sordos.
Esta crisis surge a raíz de
una constatación muy preocupante: la de que a
pesar de los esfuerzos del sistema educativo,
a pesar del intenso trabajo de maestros y otros
profesionales, los rendimientos escolares que
los sordos alcanzaban al finalizar su período
de escolarización obligatoria eran muy limitados.
Entre otras, las investigaciones de Di Francesca
(1972) en EE.UU., Vestberg Rasmussen (1973) en
Dinamarca, Norden (1975) en Suecia y Conrad (1979)
en el Reino Unido así lo atestiguan. Todas estas
investigaciones, independientemente de la nacionalidad
de los alumnos sordos, arrojaron los mismos resultados:
el nivel lector de la gran mayoría de los alumnos
sordos investigados no superaba los niveles de
niños oyentes de 9 años. En nuestro país, Asensio
obtuvo resultados similares en 1989.
Los resultados informaban
del hecho de que tan sólo unos pocos alumnos alcanzaban
buenos niveles de aprendizaje, mientras la inmensa
mayoría de sus compañeros, aún teniendo buenas
competencias intelectuales y buenas aptitudes
para el aprendizaje, veían mermadas sus posibilidades
de educación y, en consecuencia, limitada su incorporación
al complejo mundo social y laboral de nuestra
sociedad occidental.
Estos datos provocaron un
cuestionamiento muy fuerte acerca de la educación
que se estaba ofreciendo a los alumnos sordos.
Tal vez esa educación resultaba eficaz para algunos
pocos, pero no parecía ser la más adecuada para
la mayoría. No es éste el momento de extendernos
sobre los análisis que se realizaron durante esos
años. Diremos, a modo de conclusión, que estos
datos plantearon la necesidad de introducir modificaciones,
fundamentalmente en dos aspectos: por un lado
en el tipo de comunicación más adecuada y por
otro en el contexto escolar en que los alumnos
sordos debían ser educados. Ciñéndonos a estos
aspectos, diremos que, a escala internacional,
el final de la década de los años 70 y comienzo
de los 80 está marcado, por una parte, por la
progresiva incorporación de los alumnos sordos
a las escuelas ordinarias: integración y normalización
escolar y, por otra parte, por la utilización
de sistemas visuales en la comunicación con los
alumnos sordos: Sistemas Complementarios o Aumentativos
de la Comunicación.
En relación con este segundo
aspecto un buen número de escuelas europeas y
norteamericanas incorpora de forma más o menos
sistemática ayudas visuales a la comunicación
oral. Estas ayudas visuales pueden venir en forma
de claves manuales (Palabra Complementada, AKA...)
o de signos (Comunicación Bimodal o Idioma Signado)
tomados del vocabulario de la LS de cada país.
Todo ello en el marco de la Comunicación Total.
También en la primera mitad
de los años 80 dos escuelas nórdicas, una sueca
(la escuela Manilla en Estocolmo) y otra danesa
(la escuela Kastelsvej de Copenhague), inician
sendas experiencias bilingües con dos grupos experimentales
de alumnos a demanda de unos padres que desean
que sus hijos sean educados a través de la lengua
de signos.
Esta demanda venía, además,
justificada teóricamente. Desde que en 1960 Stokoe
describiera por primera vez con parámetros lingüísticos
una lengua de signos, la norteamericana (ASL),
se había incrementado considerablemente el número
de lingüistas de todo el mundo interesados en
analizar en detalle las características lingüísticas
de las lenguas de signos propias: lengua de signos
británica (BSL), lengua de signos sueca (SSL),
lengua de signos danesa (DSL), lengua de signos
italiana (ISL), lengua de signos francesa (LSF),
etc.
Estas investigaciones acabaron
con la idea de que las lenguas de signos constituían
sistemas de comunicación un tanto peculiares emparentados
con el mimo corporal. Por el contrario, resultaba
evidente que nos encontrábamos ante auténticas
lenguas vivas en constante evolución, organizadas,
al igual que las demás lenguas, en diferentes
códigos: «querológico», lexical, morfosintáctico,
semántico y pragmático.
Los datos procedentes de las
investigaciones lingüísticas se vieron enriquecidos
y complementados por las investigaciones psicolingüísticas
interesadas en conocer los procesos que seguían
los niños sordos, hijos de padres sordos signantes,
a la hora de adquirir la lengua de signos. Numerosas
investigaciones indicaban ya, a principios de
los 80, que estos niños siguen etapas similares
a las que siguen los niños oyentes cuando adquieren
la lengua oral (LO) (Schlesinger y Meadow, 1972;
Collins-Ahlgren, 1975; Hoffimeister y Wilburg,
1980; Meier, 1981; Volterra, 1981; Caselli, 1983,
entre otros).
Las experiencias bilingües
nórdicas surgen, pues, a partir de un conjunto
de variables: por un lado, los desalentadores
resultados académicos alcanzados por la mayoría
de alumnos sordos con graves pérdidas de audición;
por otro lado, la evidencia de que los hijos sordos
de padres sordos adquirían de manera natural una
lengua que les permitía representar la realidad
de forma lingüísticamente compleja, comunicarse
con los otros, pensar y aprender; y, por último,
por la demanda de un grupo de padres y el convencimiento
de un pequeño grupo de profesores sordos y oyentes
de que los niños sordos aprenden si se les da
acceso para que lo hagan y que eso pasa, necesariamente,
por el empleo de la LS.
Los primeros datos resultan
alentadores. Diferentes investigaciones con alumnos
sordos suecos (Heiling, 1993; Salander y Scendenfords,
1993; Svartholm, 1994) indican que sus rendimientos
lectores son ostensiblemente mejores que los obtenidos
en años anteriores. Esos resultados son aún mejores
cuando los niños sordos se han iniciado en el
empleo de la lengua de signos a los dos años de
edad o incluso antes.
Un efecto similar es el que
encuentra Nielsen en Dinamarca, quien señala que
los alumnos que se incorporaron a la educación
bilingüe en 1987 presentan un mayor progreso en
lectura que los que comenzaron en 1982. Según
este investigador este hecho podría explicarse
por un acceso más temprano de los niños y bebés
sordos y de sus padres a la lengua de signos.
Esta explicación resulta bastante verosímil, ya
que parece sensato pensar que en el período de
cinco años que separa ambos grupos, la oferta
de formación en lengua de signos y los programas
de asesoramiento a padres mejoraron y fueron más
tempranos.
Otro interesante conjunto
de datos proviene de los exámenes nacionales.
Tanto en Suecia como en Dinamarca los alumnos
que finalizan su período de escolarización obligatoria
(alrededor de los 16 años) pasan unos exámenes
nacionales que tratan de informar a cada joven
acerca de sus conocimientos (en relación con la
media de la población) en algunas áreas curriculares
(principalmente lenguaje, matemáticas, física
e inglés). Las escuelas de sordos en Suecia y
Dinamarca muy raramente presentaban alumnos a
estos exámenes. En este sentido llama la atención
el hecho de que el grupo completo de 10 alumnos
que inició la experiencia bilingüe en Dinamarca
se presentó a estos exámenes y obtuvo, en general,
resultados muy positivos. Algo similar ha sucedido
en los últimos años en Suecia hasta el punto de
que estos exámenes nacionales han dejado de ser
voluntarios para los alumnos sordos para ser obligatorios,
de igual forma que lo son para el resto de la
población de jóvenes suecos oyentes.
Estos datos parecen indicar
que los niveles de aprendizaje actuales que los
alumnos sordos alcanzan en los enfoques bilingües
son claramente superiores a los alcanzados por
sus iguales sordos hace algunos años acercándose
(en ocasiones siendo prácticamente similares)
a los obtenidos por los alumnos oyentes.
A la luz de estos resultados,
escuelas noruegas, norteamericanas, venezolanas,
finesas, brasileñas, inglesas, francesas, etc.,
han puesto en marcha proyectos de innovación educativa
dentro de un enfoque bilingüe. Hay que decir que
no todas comparten la misma manera de entender
la educación bilingüe. Por ejemplo, existen diferencias
entre las que practican lo que podríamos denominar
un bilingüismo sucesivo (primero asegurar la competencia
en una lengua, la LS, para sobre ella «montar»
competencia en una segunda lengua, la lengua de
las personas oyentes principalmente en su modalidad
escrita) y las que se acercan más a un bilingüismo
simultáneo (planteando la adquisición / aprendizaje
de ambas lenguas desde el comienzo).
Es importante señalar que
la necesidad de usar la LS como lengua vehicular
en la educación de las alumnas y alumnos sordos
está reflejada en dos influyentes documentos internacionales,
ambos relativamente recientes (1994). Se trata
de las «Normas Uniformes sobre la igualdad de
oportunidades para las personas con discapacidad»
de la ONU y la «Declaración de Salamanca» de la
UNESCO. Se trata de un movimiento que va más allá
de la experiencia individual de algunas escuelas
o países.
También en nuestro país se
han iniciado experiencias de este tipo. Todas
ellas surgen del interés de grupos de profesionales,
padres y también personas sordas por encontrar
vías que ofrezcan una mejor calidad educativa
a los niños sordos. Su puesta en marcha es aún
muy reciente y requieren, a mi modo de ver, una
serie de condiciones para asegurar su éxito:
Profesorado sordo y oyente
competente en la lengua de signos (siempre que
sea posible nativo de esa lengua).
Decisiones acerca de cómo
enseñar la lengua de las personas oyentes, tanto
en su modalidad oral como escrita.
Profundizar e investigar en
las relaciones que se pueden establecer entre
la lengua de signos y la lengua escrita.
Desarrollar el área curricular
específica de lengua de signos.
Desarrollar materiales didácticos
con la lengua de signos como lengua vehicular
(en soporte de vídeo, informático, etc.).
Seguimientos y evaluaciones
exhaustivas que permitan conocer los progresos
de los alumnos y alumnas y mejorar continuamente
los procesos de enseñanza. En este sentido es
muy importante escribir y registrar los procesos.
Capacidad de diálogo, de reflexión
y de autocrítica en todas las personas implicadas.
No tener miedo a discutir, a revisar, a plantearse
dudas.
Estrecho contacto familia
/ escuela.
Y además es fundamental la
investigación lingüística sobre la lengua o lenguas
de signos de nuestro Estado. Sólo a partir de
una buena descripción lingüística se podrán desarrollar
materiales didácticos para su enseñanza-aprendizaje,
tanto para los padres y profesionales que acudan
a cursos de formación, como para el desarrollo
del área curricular de lengua de signos que deberá
incluirse en el currículum de los alumnos que
sigan una educación bilingüe.
Por último, quisiera recordar
que todo proceso de cambio es apasionante, pero
también difícil y requiere tiempo. No parece sensato
pensar que en pocos años podamos dar respuesta
a las incógnitas que se nos plantean, pero resulta
alentador que padres, profesionales y adultos
sordos tratemos de buscar modos de ofrecer a los
niños sordos un futuro educativo mejor. Los enfoques
bilingües no son los únicos, ni probablemente
los más adecuados para los alumnos con pérdidas
auditivas, pero se van configurando, dentro de
la oferta educativa, como la alternativa más adecuada
para un buen número de alumnos que presentan graves
pérdidas de audición.
fuente:www.minoria.net