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Nacer con alguna discapacidad
en el Sahara aún es considerado un castigo de Alá
por algunas familias que se avergüenzan del estigma
y optan por esconderlo. Estos niños no estaban escolarizados
ni siquiera censados en ningún sitio, con lo que
la situación cuantitativa y cualitativa de las personas
de las personas con discapacidad saharauis es formalmente
inexistente. Si la discapacidad es sobrevenida, la situación
no cambia lo más mínimo. Se sabe que hay un
gran número de niños Sordos profundos o hipoacúsicos
como resultado del viento, la arena, los frecuentes ataques
de otitis no tratada y las enfermedades de la infancia,
como la meningitis. Pero la grave situación de la
zona, en la que 150.000 saharauis viven en campos de refugiados
ubicados en Argelia, hace que la discapacidad no sea ni
remotamente una prioridad, ya que la falta de alimentos
y de agua potable ocupa su máxima preocupación.
Conscientes de esta
trágica situación, agravada en los niños
Sordos por ser una discapacidad "invisible", la
Asociación de Amigos dle Pueblo Saharaui de Albacete
emprendió un proyecto educativo cuyo propósito
era enseñar a estos niños las pautas básicas
de la lengua de Señas, con el fin de que pudiesen
entablar algún tipo de comunicación no sólo
con los demás sino entre ellos mismos. Su presidenta,
Pilar Martínez, nos cuenta cómo surgió
la idea de emprender este proyecto : "Al principio,
nos planteamos atender a personas con discapacidad en general
pero, después, decidimos centrarnos en las personas
Sordas porque teníamos constancia de que nunca se
había trabajado con ellas".
Dos fueron las intérpretes
que no dudaron en dedicar sus vacaciones de Navidad a tan
noble proyecto: Bene Cortón y Paula de Andrés.
Del 21 de diciembre al 5 de enero del presente año,
cambiaron sus trabajos en la Confederación Nacional
de Sordos de España y en un Instituto de Salamanca
por una labor solidaria en los campamentos saharauis.
UN AISLAMIENTO BRUTAL
En el aula, Bene y
Paula se encontraron doce muchachos: cuatro Sordos, cuatro
mudos sin diagnosticar, dos con problemas de movilidad que
les afectaba el habla y dos gemelos autistas. Todos eran
varones, lo que demuestra la relegación a la que
se ve sometida aún la mujer en determinadas zonas.
La edad se comprendía entre los ocho y los dieciséis
años. Los cuatro niños Sordos estaban marginados
por completo en el aula. Por completo incomunicados. Su
única tarea era colorear unos dibujos siguiendo las
instrucciones del maestro. Y su única lengua la componían
tres o cuatro signos básicos establecidos entre el
profesor y el alumno, y entre el alumno y su familia. "Cuando
llegamos al campamento, observamos que los niños
Sordos no tenían ni siquiera un nombre asignado,
lo que nos desoló", asegura Bene. "Pensábamos
-explica- que manejarían conceptos básicos
de la lengua de Señas, lo que nos facilitaría
el trabajo, pero no se relacionaban con nadie, apenas se
movían. Lo único que hacían era colorear
dibujos siguiendo las indicaciones de los profesores".
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Los niños discapacitados
no sabían siquiera
que tenían un nombre.
Fueron las intérpretes
quienes se lo enseñaron.
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"Al principio,
fue realmente duro. Aquellos niños no contaban con
un centro propio, sino con algunas aulas prestadas por un
centro de trabajo para mujeres. Hay muchísimos escondidos
en sus casas", afirma Paula.
Lo primero que hicieron
ambas intérpretes fue asignar un nombre a cada muchacho.
"Ellos no sabían que tenían nombre",
dice Bene. La primera mañana la emplearon en enseñarles
sus nombre y a que los asociaran con los muchachos a los
que designaban. El resto de los días les enseñaron
vocabulario, conceptos muy básicos para que ellos
mismos pudieran comenzar a expresarse. "Lo que no queríamos,
bajo ningún concepto, era imponer una lengua con
todo lo que una lengua implica: cultura, creencias, etc.
Queríamos ofrecerles las herramientas necesarias
para que ellos contruyan su propia lengua de Señas",
declara Bene.
"El que les ofrecíamos
era un código sencillito. Nadie puede enseñar
una lengua en quince días ni siquiera en varios años.
Pero creo que les aportamos las claves para que ellos mismos
pudieran ir, poco a poco, enriqueciendo su lengua de Señas",
asegura Paula revalidando el testimonio de Bene.
LA IMPORTANCIA DE LA CONTINUIDAD
Las intérpretes
también trabajaron con los profesores. Ellos aprendieron
el mismo vocabulario y las mismas estructuras, además
de una cultura Sorda que pudieran aplicar, por ejemplo cómo
llamar la atención de los niños sin
necesidad de zarandearlos, utilizando luz, un pequeño
toque en el hombro, la vibración que produce un golpe
en la mesa, etc. Asimismo, trabajaron en la recopilación
de signos utilizado en el pueblo saharaui, muy gestuales,
y elaboraron un dactilológico saharaui partiendo
de su alfabeto.
A pesar del trabajo
desempeñado por la Asociación y las intérpretes,
todos saben que si no hay una continuidad del mismo no servirá
de mucho. La Asociación ya está buscando nuevos
patrocinadores para volver en abril y poder evaluar la situación,
si los niños han ido desarrollando su lengua y si
los profesores se han implicado en la iniciativa. "Hemos
plantado una simiente muy importante, y no podemos dejar
que crezca el abandono, así que volveremos cuanto
antes para seguir trabajando. Además, la respuesta
que han tenido todos allí ha sido espléndida,
sobre todo el delegado saharaui de Castilla-La Mancha, que
ha puesto todos los medios de que dispone a nuestra disposición",
dice Pilar Martínez.
Como complemento a
este programa educativo, la Asociación está
tomando las medidas oportunas para poder traer a dos niños
Sordos durante este verano, que vivirán con familias
españolas con algún miembro Sordo. La Asociación
está convencida de que el intercambio cultural resultará
muy beneficioso.
"SI TU VECINO
TIENE, TU TAMBIEN"
Las dos intérpretes
integradas en el proyecto subrayan la experiencia del mismo.
"Algo así te enseña a ver las cosas de
otra forma. No tienen luz ni agua corriente, no tienen apenas
nada. Profesionalmente ha sido una experiencia única,
enriquecedora, pero desde el punto de vista personal casi
no puedo explicarlo, he aprendido tanto... sobre todo porque
ellos intentan, como nosotros, ser felices, pero tienen
tan pocos medios que es admirable que lo consigan",
dice Bene.
Por su parte, Paula
hace hincapié en la generosidad del pueblo saharaui:
"Tienes la creencia de que los niños son egoístas
por naturaleza, pero allí adviertes que comparten
tanto o más que los adultos"; si tienen un caramelo
lo parten en cuatro trozos. Sin tener mucho, lo comparten
todo. Sabes que si tu vecino tiene, tú también".
Tanto Bene como Paula
están dispuestas a repetir. Ellas, y la Asociación
de Amigos del Pueblo Saharau, nos han demostrado que, una
vez más, los lazos de solidaridad también
se expresan en lengua de Señas.
Esther Peñas
Fuente: Faro del Silencio
enero/febrero 2003
Nota: Lengua de Señas equivale a Lengua de Signos.
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